Viaje al Centro de la Tierra: 1er descenso de un Venezolano dentro de un volcan

12 de Agosto:  Dagurinn er kominn, “El día ha llegado”

Hora de levantarse: 4 de la mañana, al asomarme por la ventana me doy cuenta que aún queda el resplandor del anochecer tardío que trae consigo el verano islandés, procedo a prepararme para la expedición principal del viaje, el descenso a la cámara de magma del gigante Thrihnukagigur.

Unas horas más tarde, me encuentro con los demás miembros del equipo de descenso en las afueras del hotel, los que aún no conocía parecen sorprendidos:  ¿Venezuela?  ¿Really? ¡Wow!, exclamaciones típicas cada vez que hablo sobre mi nacionalidad en tierras lejanas.

Los principales miembros del equipo nos hablan sobre el recorrido que se nos avecina y nos alertan sobre el clima adverso presente en la zona. Tormentas, niebla y temperatura bajo el sol de 5 grados (si es que lográbamos encontrar algo de sol en el camino) eran los pronósticos del día.

Salimos alrededor de las 7 de la mañana hacia las afueras de Reykjavik, luego de un par de horas de camino, nos orillamos en medio de una solitaria y pequeña carretera en medio de la nada, rodeados de lo que parecía ser una bizarra estela de algodón de azúcar (en realidad una espesa niebla) y armados de nuestras botas, equipos contra la lluvia y demás, empezamos el recorrido.

Una caminata/escalada de aproximadamente 2 horas, siempre acompañados de nuestra amiga la inclemente tormenta islandesa, con su peculiar neblina, no nos podíamos separar más de 3 metros por peligro a perdernos, no todos tenían brújula y menos aún GPS, indispensable para llegar hasta nuestro destino. El paisaje que nos rodea es totalmente joven, creado a partir de erupciones constantes en la zona, bastante volátil y cambiante, principalmente roca, musgo y absolutamente nada de árboles kilómetros a la redonda.

En el camino nos encontramos con algo que ya me resultaba familiar, la grandiosa fisura que separa las placas continentales norteamericana y euroasiática, Islandia justo en medio, ya había cruzado esta fisura debajo del agua (Buceo en Silfra), pero ahora tuve la oportunidad de hacerlo en la superficie, cada año las placas se separan varios centímetros, lo que hace que la fisura cambie constantemente.

Durante siglos el Parlamento Islandés se reunió al abrigo de esta inmensa grieta natural, producto de antiguos terremotos. En estos sitios y durante mucho tiempo los representantes de los clanes discutían importantes temas de gobierno,  “La ley de la roca”, nombrada en estas localidades permitía a cualquier ciudadano dirigirse a la asamblea de islandeses, esto contribuyó a crear la imagen de sociedad abierta que hoy en día mantiene este maravilloso país.

Luego de la larga caminata en medio de los campos de lava islandeses y entre la espesa neblina se asoma Thrihnukagigur, comenzamos el ascenso hasta la boca del mismo mientras recordamos un poco de historia.

El Thrihnukagigur se dice que fue uno de los principales responsables por crear la isla que hoy en día llamamos “Islandia”, apenas 3.000-4.000 años atrás, se considera un volcán durmiente porque puede volver a hacer erupción en cualquier momento. Su nombre se traduce a “El cráter de tres picos” haciendo referencia a las tres diferentes cavernas elevadas de la cámara. Si el volcán tuviera un padre, sería Árni Stefánsson, el primer explorador de la inmensa bóveda y uno de los principales miembros de esta expedición.

 

Al llegar a la cima del volcán, nos encontramos con algo que hace algunos años habría parecido una locura en el sitio… un andamio, exactamente igual al que las empresas de limpieza de vidrios usan en los rascacielos, situado en la boca del volcán.

Nos fuimos uno a uno situando en la pequeña plataforma para luego descender, ayudados por 2 cables y 2 poleas, los 440 pies que nos separan del fondo de la cámara principal.

Justo antes de descender, el mismo Stefánsson nos explica que Islandia ha tenido innumerables erupciones de estilo apocalíptico a lo largo de los años, por ejemplo en Laki (donde nos quedamos accidentados hace unos días) acabó con el 25% de la población Islandesa y la mitad de la vida animal de todo el país hace apenas unos 230 años, y que sin duda, ese tipo de erupciones se puede repetir en cualquier momento, esto no es algo que agrada oír justo antes de descender 440 pies dentro de una oscura cámara volcánica.

También de manera muy jovial nos explica que hay extremo peligro de terremotos en la zona, lo cual hace un evento relativamente común el desprendimiento de grandes rocas que pueden aplastar a los exploradores. “Entonces será un terremoto lo que nos atrape dentro del volcán y no una erupción” le digo a Stefánsson, a lo cual responde “Oh no, definitivamente puede también ser una erupción…;)”

Al comenzar el descenso, cada vez se hace más frío y húmedo el ambiente, pasamos por una estrecha abertura de solo algunos metros, para luego lentamente ver las hermosas paredes del inmenso monstruo, para hacer una comparación, dentro de la cámara de magma caben 3 estatuas de la libertad (desde la abertura hasta la caverna mas profunda), colocadas una sobre otra, y para tener una idea de lo amplio del lugar, unas 3 canchas de básquet una al lado de la otra cabrían también a la perfección.

“Entrar en el volcán es una oportunidad de sentir lo pequeños que somos en el planeta, combatir nuestros miedos y sentirnos humildes” palabras sabias del lider espeleólogo Stefánsson mientras nos adentramos a la penumbra.

Al llegar abajo, intensos reflectores alumbran cada una de las paredes a la perfección, gracias a esto podemos apreciar con detalle la magnitud de la cámara principal. Estar parado dentro de un volcán es una experiencia bastante emocional, principalmente por el hecho de encontrarse uno en un sitio de inimaginable violencia geológica donde años atrás algo inimaginable ocurría allí adentro.

Estuvimos por varias horas contemplando el área subterránea, explorando cada una de las cavernas por donde alguna vez corrieron millones de litros de lava. Las paredes son testigo de la violencia de las explosiones que ocurrieron en el interior del volcán, capas y capas de antigua lava en hermosos matices de azul, rojo, amarillo y sus combinaciones adornan el lugar, es extraño estar en este lugar tan alienígena, donde ciertamente los humanos no pertenecen.

El silencio en las cavernas es excepcional, no existe un incremento de temperatura como normalmente se pensaría ni olores a azufre, hay una calma pronunciada que crea un intenso sentimiento de tranquilidad y empequeñecimiento.

Finalmente y luego de lo que pareció ser el paso de diferentes días, decidí ser el último en ascender nuevamente a la superficie, contemplar la grandeza del sitio absolutamente solo es algo incomparable, definitivamente es una experiencia de reflexión y única en la vida, las fotos no hacen justicia al lugar, es necesario presenciarlo con los cinco sentidos, sin duda es algo indescriptible.

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Ingeniero en Aventuras, adicto a la adrenalina, acompáñame a recorrer el mundo. La vida es una sola, arriésgate y vive ahora.